Thursday, 20 March 2014

Hay un momento en el que todo el nerviosismo que tengo antes de un viaje, todas las dudas y las inseguridades de repente hacen puf y se condensan en un punto pequeñito y brillante, como si de fusión nuclear de dramitas estuvieramos hablando. Adoro ese momento. Dejo de ser una cosa que mira desde un rincón de su cuarto pensando "y sis" y empieza a sentir el sentimiento que los angloparlantes llaman itchy feet. Picor de pies para irse de un sitio. Siendo ibérico, tengo que trasladar esa metáfora de sitio. A mí me sale un fuego pequeñito en un lugar indeterminado entre el estómago y el culo, ganas de salir, ganas de vivir cosas. Esa sensación de aventura solo la sentía cuando ponía los pies la tetería antes de una sesión de cuentos, o su equivalente ahora de los 5 minutos de antes y después de subir un vídeo que acabo de terminar de editar, ese saltar al vacío y a ver qué pasa.
Me voy de viaje a Barcelona. Solo el hecho de cruzar el control de seguridad después de haberme despedido de padres y novia y plantarme en un pasillo de un aeropuerto solo ya en sí es lo que vale la pena de todo. "Hola, soy tu zona de confort, qué tal, cómo te va. Que venía a decirte que acabas de alejarte de mí una miaja."
Que voy a una quedada —escribir KDD me duele, soy demasiado viejuno para ir a KDDs en mi cabeza— de vloggers. Y van muchos, van todos los que Son. Y es mi primerita quedada en la que voy como Vlogger, no como persona que quiere ser uno. Y voy a presentar el libro en el que salgo. Y tal.
Pero yo me quedo con el pasillo del aeropuerto y la sensacioncica de "ahora sigue tú solo palante". La parte buena del viaje es esa.

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